Alejandra Arreola: escribir desde la cotidianidad

Alejada de la solemnidad y cerca de la duda razonable, la poeta y gestora cultural habla sobre su oficio literario

Por Angel Melgoza / Fotos de R. Cortés

Tiene dos libros de poesía publicados y más de diez años de trabajo en instituciones culturales. Es gestora, poeta y lectora. Alejandra Arreola (Guadalajara, 1984) participó en el performance poético del pasado domingo 24 de abril en el marco de la inauguración de las actividades de Guadalajara Capital Mundial del Libro. 

 

Me encuentro con ella en un café de una vieja casona remodelada para fungir como hotel en la colonia Americana, bajo un enorme árbol, rodeado de plantas, un tema al que Arreola suele recurrir en sus poemas. 

 

—Cuando los poetas José Antonio Pérez-Robleda y José Eugenio Sánchez te preguntaron “¿qué intención tienen los que regalan tus libros?” en una sección de respuestas rápidas de su lúdico programa Noticiero de Poesía, tú respondiste “coger tal vez”. Y me pareció que esa respuesta divertida, escondía un trasfondo del trabajo que haces, ¿qué piensas? ¿Podrías elaborar sobre eso?

 

—Me parecería un propósito lindo (risas). Creo que lo dije, y lo pienso, como una broma particularmente frente a tanta poesía victimista y solemne, como la que se sigue haciendo en una ciudad como ésta. Y sí se me haría chido que a una persona le pueda resultar divertido o excitante. 

 

—Sobre tu experiencia en esta ciudad, y específicamente sobre tu experiencia siendo poeta, ¿cómo es ser una poeta en Guadalajara? 

 

—Yo lo he vivido como una experiencia en donde voy caminando completamente sola. Les escribí a muchos medios, periódicos, estaciones de radio, etcétera, para compartirles la información sobre la presentación de mi libro [Nombre de fantasía] y no recibí absolutamente una sola respuesta. Los últimos diez años que he trabajado en instituciones culturales, la gente siempre te responde, los medios siempre responden cuando los buscas desde una institución, pero siendo un creador independiente es complicado. 

Por otro lado, me parece que las editoriales independientes que publican poesía en esta ciudad siguen publicando apuestas muy solemnes, como te decía. Y si conoces a los editores y las referencias que más les gustan siguen siendo los griegos, los clásicos, entonces entiendes que cuando escribes desde la cultura popular, o a partir de otras cosas, como lo cotidiano, pues es difícil encontrar espacios.

 

—Si te vieras obligada a definirte o describirte, cómo respondes a la pregunta ¿quién es la poeta Alejandra Arreola? 

—Preguntas complejas (risas). Me gusta pensarme como alguien con capacidad de cambio, porque en este momento de mi vida no trato de definirme, no es algo que me preocupe. Creo que sí fue algo que me preocupó en mis veintes, y me parece que cuando te dices algo como “yo soy determinada cosa”, en realidad es muy triste porque es como una sentencia bastante cruel con nosotros mismos. Es reducirnos a ser una cosa y ya. 

 

—¿Cómo entiendes tú la poesía, el poema, y a qué aspiras o qué te gustaría lograr con tu trabajo poético? 

 

—Me gustaría provocar otras preguntas en el interior del lector. Escribo desde la cotidianidad. Me interesan temas muy básicos como la intimidad, la vida en pareja… yo no estaba tan consciente de ello, hasta que la poeta Laura Solórzano tuvo la amabilidad de hacer un texto sobre mi libro y me hizo ver que hablo mucho sobre las plantas, sobre la naturaleza. 

Entiendo la poesía como algo muy amplio, no sólo como un género literario. Me parece que la poesía está en todas partes. También creo que el arte es arte cuando incluye la sutileza de la poesía. 

Un poema formalmente se entiende como un objeto verbal con determinadas características, pero creo que podríamos decir que un poema es una sonrisa o un momento de nuestras vidas, un culo, o no sé… (risas). Muchas cosas pueden ser un poema. 

 

Nombre de fantasía, de Alejandra Arreola, es un poemario publicado por Herring Publishers México, editorial con sede en Querétaro.

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Alejandra Arreola estudió Artes Audiovisuales en la Universidad de Medios Audiovisuales, en Guadalajara. Quería hacer cine porque pensaba que quería contar historias, pero después de tener algunas experiencias en producciones se dio cuenta que las jerarquías tan marcadas, cuasi militares de la industria, le repelían y encontraba más gozo en la escritura

 

De madre norteña, con gran sentido del humor e ironía, y un padre banquero y contador con un agudo sentido artístico (escribía poemas, cuentos y dibujaba caricaturas), Alejandra dice que tuvo sus primeras aproximaciones a la literatura en su educación con jesuitas. 

 

De su trabajo al interior de instituciones culturales, como gestora, donde se ha desempeñado la mayor parte de su vida profesional, ha construido una importante experiencia al desarrollar programas de formación artística informal o no escolarizados. 

 

—En temas de la relación entre la ciudad y la literatura, ¿crees que es Guadalajara un espacio con las características para forjar o crecer en la industria editorial? 

 

—A mí me preocupa mucho esta obsesión por los eventos faraónicos que generan muchísima numeralia, como otros festivales y eventos de entretenimiento. En términos literarios a mí me parece mucho más significativo que generemos círculos de lectura pequeños, actividades de largo aliento. Me refiero a talleres de muchas sesiones, donde puedes reflexionar y llevarte un conocimiento más profundo. 

Creo que es urgente y muy necesario que hagamos ese cambio de paradigma. Eso es algo que yo me he preguntado mucho desde mi labor en la gestión cultural, y ahora me puedo responder a mí misma: 

 

lo que pasa es que los macro-organismos están compuestos de micro-organismos; y me parece muy importante que generemos actividades reflexivas que inciten al pensamiento crítico en pequeño, más en corto

 

También es que se requiere tiempo y la gente vive esclavizada. Hay un profundo abuso de lo que sabemos que es la violencia obscena y oscura. Es muy difícil. 

 

—¿Puede la poesía abonar en algo a la reducción de esa violencia, o a la cultura de paz? 

 

—Pienso que en términos sociales la poesía no puede hacer nada contra la enorme violencia que genera la mancuerna entre el Estado y los grandes empresarios en este país. Esa es una fuerza demasiado poderosa, pero en términos personales creo que la poesía puede ayudar a disminuir la violencia que ejercemos contra nosotros mismos. Y en esos términos creo que la violencia más grande que podemos ejercer sobre nosotros es alejarnos de nosotros. Darle la espalda a nuestras propias reflexiones. 

Un ejemplo es lo que sucede con las redes sociales. Yo siento que mi persona se diluye al revisar una red social. Es demasiada información sobre muchas personas, sobre lo que están haciendo los demás, es como alejarme de mí. En ese sentido sí creo que la escritura me ayuda a conciliarme conmigo, con lo que estoy pensando, como si generara una amistad con mis pensamientos y reflexiones. 

Hay un escritor argentino al que le tengo muchísimo cariño, se llama Fabián Casas, que dice que antes de las redes sociales sucedía que ibas a un concierto o a una fiesta y decías “este es mi plan de la noche, me la voy a pasar bien aquí”, porque ese era el plan. Y Fabián comenta que ahora vas a un concierto o a una reunión, a casa de tus amigos; abres una red social y siempre está pasando algo mejor, algo más divertido, algo más interesante, en un lugar en el que tú no estás. Hay una imposibilidad de estar en el momento porque alguien siempre la está pasando mejor que tú. Y eso genera muchísima ansiedad, desasosiego. 

 

—Me imagino que leer poesía puede ayudar en algo a combatir esa ansiedad o desasosiego, ¿puede?, ¿recomiendas leer poesía?

 

Sobre todo ahora que carecemos tanto del hábito de la lectura, que vivimos en sociedades con pocos lectores, a mí me parece que la poesía es un género muy noble por la brevedad.

Obviamente también por eso hay tantas personas que escriben poesía. Llama la atención que cuando hay concursos literarios, llegan muy pocos textos o muchos menos de narrativa, de ensayo o de novela, y a las convocatorias de poesía llegan de forma exponencial. 

Yo aprecio mucho el hecho de que se puede escribir poesía desde una economía de recursos. Una persona con lápiz y papel puede aventurarse. ⚫

 

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