Ricardo Yáñez regresa a su casa tapatía

El poeta tapatío, exiliado en la Ciudad de México desde hace varios años, regresa  a Guadalajara como el hijo pródigo y predilecto. Su obra y sus talleres de creación lo avalan

  

Por Gerardo Lammers / Fotos de R. Cortés

“No es a mí la poesía lo que más me interesa, lo que más me interesa es la música”, confiesa Ricardo Yáñez (Guadalajara), en esta mañana de viernes en que ocurre la entrevista en un salón del hotel Double Tree, en el centro de Guadalajara. “Y ya hablando de palabras lo que más me interesa es la voz, no lo que se dice”.

Autor de libros indispensables en la poesía mexicana de los últimos cincuenta años como Ni lo que digo (FCE), Antes del habla (Era) y Dejar de ser (Era), Yáñez luce impecable en el primero de los dos días en que, como parte del programa de Guadalajara Capital Mundial del Libro, recibirá un reconocimiento de manos del alcalde Pablo Lemus en la sala de expresidentes del Ayuntamiento, a sólo unos pasos de aquí. Lleva una corbata azul celeste y un par de tenis nuevos que ayer compró en una zapatería de la avenida Juárez, acompañado de Lilia Nepote, su mujer. Como es su generosa costumbre, Yáñez, el poeta; Yáñez, el maestro que ha recorrido medio país o país y medio impartiendo sus talleres de creación, juega con las palabras, imagina con ellas. La distancia que existe entre la risa y el llanto es una engañosa línea recta. 


PREGUNTA: ¿Cómo te sientes de estar de nuevo en Guadalajara, la ciudad donde naciste y la ciudad donde has vivido tantos años?

 

RESPUESTA: Como el hijo pródigo. Siento que volví y me hicieron una fiesta.


P: De Ni lo que digo a Armadillo —su más reciente poemario—, ¿cómo aprecias este tránsito en el ejercicio poético, en la escritura?

 

R: Es muy simpático porque yo empecé como surrealista y terminé como decimero (risas). Yo empecé en la vanguardia, una vanguardia muy ingenua, muy ranchera, si quieres, pero… vanguardia. ¿Por qué ingenua?, ¿por qué ranchera?, porque yo no sabía que era vanguardia. O sí sabía, pero de información, de formación, no sabía nada. “Ah, eso es la vanguardia, yo también quiero”, como si fueran luces. O sea, no es que hubieras hecho conciencia de que cambiar la literatura: nada, no haces nada. Lo único que haces es copiar lo que otros están haciendo. Y de esa manera ser original.

 

P: ¿Cómo descubriste que serías poeta?

R: No lo descubrí, ni sabía ni nada. Yo sabía que me gustaba hacer versos. Esos sí los hice desde muy niño, no con conciencia, claro. Ya en la adolescencia, en la secundaria, era con cierta conciencia. Y en Filosofía y Letras a la que me metí también por snob ranchero porque yo no sabía qué era eso, y dije: yo quiero esto que no sé qué es (risas), precisamente porque no sabes qué es. 


     Yáñez aprovecha la ocasión para contar un par de anécdotas de sus tiempos de estudiante en la Facultad. Una de ellas con René Ojeda, compañero suyo, que pasó de burlarse de sus bigotes a reconocer, luego de una lectura ante Adalberto Navarro Sánchez, uno de sus maestros, que ahí “había un poeta”. La otra, con Juan José Arreola, diciendo que ese poema que había leído en lo que ahora es el auditorio Salvador Allende, ante un grupo pequeño de alumnos, era un poema perfecto. 

 

P: Quería que me hablaras de tus padres para preguntarte si has tenido un mentor en el arte de la poesía.

 

R: No. Nunca. Por eso me dedico a enseñar. Suena exagerado, pero en realidad es sintético. Me dedico a enseñar porque a mí nadie me enseñó (llanto). Nada más una cosa: “nadie” es falso. Estaba el maestro Adalberto Navarro Sánchez, el maestro Rivas Sáinz, estaba Arreola, el maestro Ernesto Flores. Había otros maestros. Pero te daban clases, no te enseñaban nada. Y bueno, hay lecturas. Ni modo que no aprendas de las lecturas. Para mí son tus maestros aquellos a quienes has leído. Pero que alguien se haya dedicado… Y de hecho yo le copié muchas cosas a Arreola, no la gestualidad. ¡El drama sí! (risas). Sobre todo la dedicación a los más jóvenes. Pero yo quería enseñar, no sé por qué.


     Paradójicamente, recuerda Yáñez que al poco tiempo de ingresar en la Facultad pensó que si algo no quería ser en la vida era ser maestro, pero al año ya estaba dando clases en la Prepa 4. Desde entonces no ha dejado de enseñar. 


P: Detecto en Ni lo que digo dos características que me parece ayudan, si no a definir, sí a aproximarse a lo que ha sido tu práctica poética: el misticismo y el humor. ¿Qué nos puede decir sobre esto?

 

R: ¡Que Dios no es cosa de risa! (risas). Yo no sé el sentido del humor de dónde lo saqué. Yo creo que es elusión de lo real. Yo creo que no me queda otra que reírme (risas). Tengo una sexteta, no la he terminado, que es un poema de ocasión. No me lo sé, pero empieza así: “Poeta municipal/ Pero de mi municipio” (risas).

P: Háblanos de esta comunicación que tienes con una audiencia a través de redes sociales, algo que a lo mejor no te hubieras imaginado.

 

R: No, pues yo todavía sigo viviendo en el futuro. O sea, yo creo que yo vivo en el futuro desde hace mucho rato. Porque cuando leíamos los cuentos de Supermán pues esto era el futuro. Entonces para mí sigue siendo el futuro.


P: Me gustaría que hables de esta pasión que tienes por la forma del soneto. Llama la atención que tu poesía se ha ido decantando en este sentido, desde la vanguardia ranchera, como dices, hasta esta forma tan clásica en la cual se hace patente el vínculo con la música vernácula.

 

R: Expresión popular, canción y “forma rígida”, porque no es nada rígido el soneto. Viéndolo así tiene una forma cuadrada. Lo vernáculo me viene de que vengo de gente de origen campesino, que traían toda la herencia del lenguaje campesino. Mi padre era de Zacatecas, mi madre de lo que ahora se llama Ayotlán. De niño, a los tres años y medio de edad, yo escuchaba canciones porque estaba convaleciente, estuve tres meses convaleciente. Antes los programas de la radio se compraban. Yo ya sabía escribir y mi madre para entretenerme, como una mentira piadosa, me dijo una vez: “Apunta las que más te gusten y, si algún día tenemos dinero, mandamos a hacer un programa con esas canciones”… Yo creo que me engañó (risas). 

Arriba: Ricardo Yáñez muestra un retrato suyo durante el reconocimiento que el Ayuntamiento de Guadalajara le rindió el pasado viernes 29 de abril de 2022. 

Sobre estas líneas: El poeta en las escaleras principales del Palacio Municipal. 

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