Ricardo Yáñez, el canto y la palabra

A propósito de la poesía del autor de Si la llama, profesor tallerista de decenas de artistas, la poeta mexicana Laura Solórzano expone en este ensayo algunas claves, basadas en la musicalidad, para entender el fenómeno poético

 

Por Laura Solórzano / Fotos de R. Cortés


En la obra de Yáñez hay una compenetración eficaz de la musicalidad, el concepto, la voz y la experimentación. En sus poemas, Yáñez logra que la combinación de estos elementos den su mejor fruto.

Dueño de una libertad alcanzada quizá por el oficio, por el convencimiento o por el simple gozo de la versificación, Ricardo parece fluir en sus textos, y aun cuando sufre, en el texto se mueve como si fuera completamente feliz. Es una contradicción curiosa, ya que no conozco otro poeta que vierta tantas lágrimas como él, tanta emoción que pugna por salir de su pecho, y sin embargo en el poema va y viene rimando y cantando a sus anchas.

El aspecto musical en la obra de Yáñez es fundamental, tanto para expresar la emotividad como para elaborar las ideas que surgen de esta emanación. Esta musicalidad, que aparece y recorre como una vértebra invisible los poemas, es parte esencial de su construcción tomando en cuenta que gran parte de ellos son sonetos o décimas.

El gusto de Ricardo por las formas clásicas es evidente y se le siente cómodo en ellas, sin embargo me parece a mí que también en los ritmos arbitrarios del verso libre, Yáñez encuentra soltura y creatividad. 

Por otra parte, la música, también se convierte en tema central de algunos poemas, de manera que la armonía, la canción, el canto, son elementos indispensables sobre los cuales Yáñez habla. La música como la esencia del ser, dice el poeta “sólo soy el tiempo de una música viva”…

Y aunque Yáñez se desplace por otros temas y se asome a la soledad, al árbol, a la vida de la abuela, a la pecera, o al taxista, regresa inevitablemente a la música, y quizá como diría él, “agua, que vuelve a saber”  o cuando dice, por ejemplo, “el agua no es el agua, es la música del agua”.

Es notable en Ricardo su habilidad para llegar al concepto o encontrar la sustancia, y aunque su texto empiece aparentemente de manera simple o con una sencillez extraña, inesperada o propia de una canción, al continuar llega de pronto a una esencia, llega a tocar o señalar con una metáfora la médula de su decir, llega a hurgar en ese fondo o a salirse de él, sin quedarse nunca en el simple hecho nombrado. Dice Yáñez “No soy el aire, soy la necesidad de ser el aire”.

 El talento del poeta sorprende porque constantemente se transforma y encuentra en ese camino el sentido de su trazo, o el sentido de la música interior que es la voz poética.

Hace algunos años, me tocó leer en La Jornada Semanal una conversación sobre arte y literatura, entre Hugo Hiriart , Ricardo Yáñez y Aurelio Major. Me llamó especialmente la atención, y me llenó de curiosidad, un comentario que hizo Yáñez sobre lo que para él era “la voz extraordinaria”. 

Algún tiempo después nos encontramos en una sesión en casa de Carmen Villoro. En realidad no nos conocíamos, pero al terminar le pedí que me explicara con más detalle qué era la voz extraordinaria, aquella idea de la que hablaba en la entrevista.

Primero respondió haciéndome la pregunta él a mí, trataba de que fuera yo la que respondiera y explorara en mi interior, cuál era esta voz. Continuamos hablando y al final creí entender que Yáñez se refiere a la voz que busca una realidad sustantiva, la voz que surge para expresar algo esencial, que busca por dentro un sentido en lo que ve afuera. Se trata de la otra voz, y es ésta la voz que le interesa. 

Después de este peculiar intercambio nos hicimos amigos. Desde entonces hemos hablado mucho sobre poesía, poemas, poetas y arte. Por un largo tiempo conversamos por carta y algún tiempo después trabajamos juntos en un blog.

Siempre he escuchado muy atentamente las ideas de Ricardo sobre poética y su pensamiento sobre la confección del poema. Al maestro Yáñez le gusta reflexionar y es también un escritor de aforismos, que se comporta frente a las ideas como se comporta frente a las palabras: buscando la melodía.

Gracias a internet, localicé la entrevista y volví a leer sus palabras. Yáñez lo dijo así:

 

A mí­, por otra parte, me preocupa el hecho de que haya quien trabaje el lenguaje de manera que lo escrito parezca poesía, aunque no diga nada. Eso de “no decir nada'” nunca es verdad, por supuesto, pero dicho de otra manera, notas que la voz poética aleja al autor de su propia voz. A mis talleristas les digo que se trata de que encuentren su voz extraordinaria, pero sin que oculten su voz de diario. Tu voz de diario debe estar en tu voz extraordinaria, que no la oculta: la trabaja. Te decía que a mí­ me preocupa que de pronto encuentro poemas sin voz, pero con mucha escritura. No puedo concebir que detrás de ellos haya una voz.

 

 

 

 

Después de leer esto comprendo la razón que me llevó a recordar estas líneas. Hay congruencia entre los poemas de Yáñez y las ideas de Yáñez. Existe una voz extraordinaria trabajando con la voz ordinaria. La voz extraordinaria de Ricardo deja ser a su voz cotidiana, o quizá su voz cotidiana incorpora y deja fluir a su voz extraordinaria. Y en esta mancuerna afortunada ocurre que se da el aspecto lúdico de su trabajo, el juego de la voz, la experimentación, el riesgo que corre porque juega, y así, extrae lo sustantivo. En su voz ordinaria encontramos las huellas de su carácter y sentido del humor que son parte de su personalidad, conviviendo con pensamientos de mayor alcance provenientes quizá de su voz extraordinaria.

Esta actitud lúdica del poeta, que da lugar a la experimentación, más que un propósito racional parece una actitud ante la poesía y el placer de la música. Una espontánea característica, que en su obra permanece como una constante.

Vuelvo a leer sus textos y me provocan una sensación de asombro a causa de lo inesperado de sus temas, y por la multiplicidad de sentimientos desplegados. En ellos se puede encontrar el amor, la tristeza, el dolor, el coraje y la alegría que aparecen con gran intensidad.

Yáñez es un versátil y multifacético creador de poemas que quisiera cantar y que canta cuando puede.

Yáñez es un filósofo de la lengua y de la vida que canta sus hallazgos y los escribe.

La voz de Yáñez, versátil, intrépida, cazadora, huidiza, palpitante, dotada y libre, se adueña de lo que toca y refleja su propio don.

Termino explicando las características más importantes de la obra de Yáñez, que desde mi punto de vista son tres:

La musicalidad. Este elemento es fundamental en sus poemas tanto para su cofeccíón como también es un tema de lo que tratan sus textos, la música está siempre presente y creo que es su emotividad traducida a ritmo y convertida en equilibrios con palabras, en armonía.

El concepto. Creo que las ideas son otra parte fundamental en su trabajo, y esto se puede ver claramente en sus aforismos. A Yañez le gusta buscar el sentido o sentidos a los que se puede llegar pensando, le gusta encontrar nuevas significaciones, retorcer un poco más la lógica natural y llegar a un más allá…

El juego. Creo que esta actitud del maestro tiene que ver con el disfrute, con el placer de crear con las palabras y el sentido del humor.

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