Una trilogía para viajar al pasado de nuestra América

Una entrevista con el escritor colombiano Marco T. Robayo y la presentación de sus novelas que nos acercan al pasado de lucha, amor y pérdida en los virreinatos españoles de América

Por Ángel Melgoza / Fotos: R. Cortés

 El día que hayas 

envenenado el último río,

abatido el último árbol, 

y asesinado el último animal, 

te darás cuenta 

de que el dinero no se puede comer. 

 

Proverbio indígena

Lleva barba, chamarra de piel, es delgado, mira y atiende su celular. Ahora sí, dice, y comenzamos la entrevista. El escritor Marco T. Robayo nació en Bogotá, Colombia, y si estudió una ingeniería mecánica lo hizo con el único afán de hacerse de dinero, un ingreso seguro para financiar su verdadera pasión, la literatura. 

 

Desde joven leía y escribía, ganó concursos estudiantiles, se inició en la novela negra, para después entrar en uno de los géneros que más le gustan, la novela urbana, que se sirve de la crónica y desarrolla a la ciudad misma como un personaje. También pasó por la novela esotérica y hasta por la erótica, pero ha sido la novela histórica donde ha encontrado su mayor eco editorial. 

 

El autor de sesenta y un años visitó la FIL Guadalajara para presentar los primeros dos volúmenes de una trilogía que recorre la historia de América a través de una serie de personajes contemporáneos cuyo pasado los sigue persiguiendo. 

 

En El gran genocidio (Editorial SB, 2018) un abogado indígena busca coordinar una lucha legal contra la Monarquía Española que pretende reclamar un botín millonario que yace en el mar colombiano; y en Piel de ébano (Editorial SB, 2020) una esclava enamorada de un comerciante español en la Cartagena de Indias de finales del siglo XVIII luchará por ser libre en una época llena de intrigas por el poder tanto en tierra como en ultramar. 

—¿Cómo se convierte un ingeniero mecánico en novelista? 

—Inicialmente tenía que pensar en cómo podía financiar mi vida, buscaba una estabilidad financiera para poder ponerme a escribir. Participé en varios concursos literarios cuando era muy joven, y siempre tuve el privilegio de ganar. Sabía lo que quería hacer, pero vivir de los libros no me parecía muy claro. 

 

En Colombia trabajé en varias compañías importantes, luego me fui a Estados Unidos, e hice empresa allá. Soy empresario, tengo varias y bastantes personas a mi cargo, estamos en crecimiento, pero saco el tiempo para lo que más me gusta, que es escribir.  

—Entonces más que un ingeniero que se convierte en escritor, eres un escritor que se hizo ingeniero… ¿cómo es un día de tu vida Marco? 

—Comienza a las tres de la mañana. Escribo entre las tres y las siete u ocho, luego me voy a una de las empresas, me quedo ahí más o menos de las nueve hasta las once o doce. Luego me voy para otra de las empresas, y me quedo como hasta las dos o las tres. Me voy a casa, descanso un rato, y escribo otra vez, así es todos los días. 

 

—¿Y a qué hora duermes? 

—Casi no duermo, después habrá tiempo para eso —dice entre risas.

 

—Has escrito varios géneros de novela literaria, pero ahora presentas estos primeros dos volúmenes de una trilogía de novelas históricas, y veo que ya habías explorado este género, ¿prefieres la novela histórica?

—Yo comencé con novela negra, luego pasé a la novela urbana. Hice novela esotérica, y no me preguntes por qué hice una novela erótica en un momento en que alguien me preguntó si yo podía escribir algo erótico, así que lo hice. Hice tres relatos que le gustaron a la gente, pero lo que nunca me imaginé es que aquello fuera a caer en manos de mis hermanas y de mi mamá, sin embargo lo leyeron, me quisieron hacer comentarios, y ahí sí les dije, ‘no hay ni la menor posibilidad de que yo hable de ese tema con ustedes, mejor hablemos de las otras novelas’.

 

Luego pasé a la novela histórica, que en Colombia dio muy buen resultado, por lo tanto la editorial Planeta me dijo ‘queremos que por favor te concentres en la novela histórica porque vemos que lo haces muy bien’, entonces lo hice, pero sin dejar de lado la novela urbana que me llama mucho la atención. 

 

—¿Cuáles han sido los retos de escribir novela histórica? Y también cuáles son los riesgos de hacerlo, porque me imagino que representa una responsabilidad. 

—Sí, claro. Hay que tener mucho cuidado con los anacronismos, hay que estar muy bien documentado porque el género de novela histórica, diferente de historia novelada, tiene que tener mucho cuidado con la documentación: no se puede caer en algún bache histórico porque eso no te lo perdona la crítica. 

 

Yo he contado con la colaboración de un par de historiadores en Cartagena, Colombia, con otro en Sevilla, España, y con un filólogo, que me han estado ayudando. Lo que hacemos es que ellos investigan concretamente lo que les pido, y yo le voy dando el sentido literario: lo acomodo de acuerdo a la parte que tengo que ficcionar, y de acuerdo a lo que sí quiero dejar como sucedió en realidad. 

—En tu novela El gran genocidio, tenemos a este abogado que reúne un grupo de profesionales en historia, antropología y derecho, para demandar a la corona española, para que responda por los crímenes cometidos durante la colonia. 

 

—A raíz del hallazgo de un barco, del Galeón San José, con más de 15 mil millones de dólares en oro, plata y joyas que descansan dentro de las profundidades del mar, muchos países comienzan a reclamar el tesoro como propio. Ahí es donde Samuel Piracún, el abogado indígena, decide demandar a la Corona para que ellos no se queden también con ese tesoro, después de todo lo que sea han llevado. A su juicio, España tiene que responder por muchos vejámenes. Ahí es donde se comienza a construir esa historia, la carrera de Samuel Piracún buscando un consenso entre varias comunidades tribales a lo largo y ancho de América para poder demandar a la corona. 

 

—¿Ese barco existe? También hablaban en la presentación del libro de una ley que impide a varias naciones reclamar este tipo de tesoros. 

—El galeón existe, en este momento se encuentra a 800 metros de profundidad, cerca de las costas de Barú, Colombia. 

 

La ley es la Pabellón, que dice que España tiene derecho a todos los barcos que se han hundido y que tuvieron su bandera. Colombia se salva en principio porque nunca ha firmado dicho acuerdo, ellos se abstuvieron de firmar el convenio, por ello se sienten en la libertad de no responder ante la comunidad internacional con lo que pide España. Habrá demandas y una serie de juicios, es algo interesante.  

 

Para acceder al galeón se necesita equipo especial. No es fácil sacarlo. Por resistencia el cuerpo humano no puede bajar a más de 80 o 100 metros de profundidad, y acá estamos hablando de 800 metros, entonces se necesitan equipos especiales que Colombia no tiene, pero que sí tiene Estados Unidos o Alemania, pero ni siquiera España los tiene. 

 

—En el segundo libro, Piel de ébano, el personaje principal es una mujer mulata, esclava, en Cartagena de Indias, ¿cuál es la historia que nos cuenta? 

—Piel de ébano enmarca lo que es el empoderamiento de la mujer en una época de misoginia, en una época de esclavitud, en una época de razismo. Ella, Manuela de Ulloa, es una mulata que tiene un deseo por aprender a leer y a escribir, aprender un oficio y comprar su manumisión, es decir su libertad. 

 

Ella comienza a buscar con una fuerza inusitada una forma de llegar a otras esferas, a otras élites. Y su amo, un hombre un poco duro, pero que siempre ha sido bueno con ella, comienza a darle algunas posibilidades, pero la esposa de éste no la ve con buenos ojos porque cree que entre ella y su esposo hay un amorío. Esta trama se desarrolla en una Cartagena que tú la puedes ver también reflejada aquí en Veracruz, o en Lima, Perú, o incluso en La Habana, Cuba, es la misma historia de todos los virreinatos, el empoderamiento de Manuela de Ulloa tratando de lograr eso que siempre ha querido, aprender un oficio y conseguir su libertad.  

 

—Estas dos novelas son parte de una trilogía, ¿de qué trata la tercera? ¿Cuál es la línea que las une? 

—Manuela de Ulloa busca saber si en realidad en su linaje aparece una hechicera, una bruja que es muy conocida, Paula de Eguiluz. Paula fue la única mujer que fue condenada en tres ocasiones diferentes por el Santo Oficio de la Inquisición, entonces ella quiere saber si tiene ese linaje porque ella ha hecho algunas cosas y cree que son origen de la brujería. En la última novela se desarrolla toda la historia de Paula de Eguiluz, estamos hablando de comienzos del siglo XVII, cuando la Inquisición mató y ajustició a tanta gente inocente en la persecución de brujos y judíos. Esa es la historia de Aleluya, que verá la luz del día en la próxima Feria Internacional del Libro de Bogotá, en abril del 2023. 

—Marco, ¿lees novela histórica? ¿Qué te gusta leer? 

—Sí me gusta la novela histórica, aunque por el momento no leo tanto pues escribir me toma casi todo el tiempo. Me gusta Joseph Conrad, me llama la atención cómo narra todo eso de los barcos. Una ficción muy bien manejada es la de Julio Verne. Me gusta lo que relata Emily Brontë en Cumbres Borrascosas, y cómo te lleva a otras épocas. 



—Tú y el equipo con el que trabajas hacen una investigación, y a partir de ella, ¿llenas los huecos documentales con las historias personales de los personajes, con lo que no se conoce, pero todos estos personajes existieron y hay hitos o quiebres que son todos reales?

—Mira, para crear a Manuela yo me fundamente en el censo que hubo en Cartagena de Indias en el año 1767. Eso me dio herramientas para tener un gran grupo de personas que fueron reales, que existieron y que incluso está documentado en qué casa vivían. De ese censo se perdieron solamente los elementos de un barrio, uno solo. Entonces ahí fue donde nació Manuela, y donde nace la ficción y donde ella tuvo ese compaginar con la gente que estaba al otro lado, y si la gente quiere buscar, pues va a encontrar seres reales, porque está documentado que ellos existieron. No van a encontrar a Manuela, pero eso es porque ese barrio se perdió —dice Marco sonriendo.

 

Me gusta mucho la novela de corte histórico porque le enseñan a uno muchas cosas, pero no la historia novelada porque la historia novelada es tan rigurosa y tan plana que no le permite a uno poner más ficción. La historia novelada es la misma historia narrada al pie de la letra, sin agregar ficción, ¿entonces qué pasa? Se puede antojar un poco aburrida, sosa. Mientras que la novela histórica sí le permite a uno rellenar esos espacios en los que no se sabe qué sucedió. 

 

—Y con lo que tú crees también que pasó, ¿no? 

—Exacto, entonces uno le quita la planitud de esa rigurosidad y a la gente le llama la atención porque se pregunta ‘¿oye esto será cierto o no?’

 

—¿Tienes recomendaciones para las personas que quieren escribir novela histórica? 

—Tienen que documentarse, leer, leer, leer, leer. Creo que cuando uno se logra documentar y tiene de primera mano material relevante con respecto a personajes o momentos históricos, puede tomar parte de la historia también. 

 

Uno de los elementos que me llevó a conquistar a mi esposa hace 45 años, fue precisamente la historia. Yo desde los 16 años hablaba con bastante conocimiento de todo lo que era el zarismo. Le hablaba de Nicolás II, de los Romanov, hablaba de la guerra de las Dos Rosas, de los York y los Lancaster, de lo que fue la dinastía Tudor, le hablaba de pronto de Luis XV, de María Antonieta, de Versalles, conocía tanto esas historias que la fui metiendo a ella. Luego me metí con la historia española, la historia de Colombia, la historia de México, pero aprendo mucho más cuando estoy escribiendo porque cuando lo hago me tengo que documentar muy bien. 

 

—Entonces también es importante decir que las personas no tengan miedo, que empiecen a escribir, y vayan documentándose, que inicien el proceso. 

—Claro, y que no tengan miedo de escribir. No es tarde para escribir a los 50, a los 60, a los 40, he tenido grupos en universidades donde la gente me dice ‘es que yo tengo 45 años, tengo 50, y no sé si comenzar a escribir’, nunca es tarde para escribir. Yo he escrito 10 libros en 8 años, pero es disciplina, todo es disciplina, si tú tienes ganas de hacerlo, el límite lo pones tú. 

 

—Además de que escribir, más allá de publicar, es una práctica beneficiosa.

—Desestresante. No hay nada mejor para desestresarse que eso. Y leamos, creo que el leer marca una diferencia grande, porque si queremos viajar a otros países, a otros mundos, la lectura nos lo da. ⚫

4 Comments

  • Nancy Higuera

    Realmente los libros del escritor Marco Robayo son muy interesantes me gustas y lo sigo en cada entrevista y feria del libros que el asista

  • Luis Fernando forero duwue

    Es agradable su escritura muy amable y nos transporta con facilidad a esos mundos que escribe.

  • Mario Silva Rubiano

    Que buena crónica,

  • Roció Sanchez Mancilla

    Marco realmente me encantan me fascinan tus libros … Felicitaciones eres excelente e impecable en tu escritura

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